Cuanto que decir y por donde empezar. Córdoba me albergó desde mi nacimiento. Era una Córdoba diferente, siempre fue una ciudad importante, pero tenía todavía, allá por los 50 aquel "gustito a pueblo". Aquello que uno aún percibe en algunos lugares del interior. Recuerdo aquellos atardeceres cálidos en que la luz teñía todo de un color rosado - naranja, la gente salía a caminar, abandonaban el rol que la explosión industrial del momento les imponía ya sea como operarios, directivos o aprendices, y recien bañados y perfumados recorrian las humedas veredas que momentos antes la señora había baldeado para que estuviera "fresca". Lentamente comenzaba a oscurecer y las vidrieras iluminadas comenzaban a dominar la escena, dibujando su luminosidad sobre el húmedo pavimento.